De un joven que te sintió muy cerca

Normalmente, este tipo de sucesos te llevan a decir “no tengo palabras”, reacción típica ante la incredulidad y el impacto. Esto puede durar unas horas, con lágrimas en la cara y la imposibilidad de entender qué pasa. La mente en blanco puede perdurar mucho, pero en mi caso, no me sale decir “no tengo palabras”, porque tengo miles, porque los sentimientos me florecen, los pensamientos me navegan la menta, fluyen cual movimiento de la Mamba en el poste. Sigo vacío, no puedo dejar de pensar como de un momento a otro no estás, como fue vida y muerte en segundos, no hubo intermedio, la vida no le dio a nadie la posibilidad de asimilar o procesar información, simplemente no estabas.

Ante esto, quiero hablar desde la perspectiva de un joven latino, uruguayo, que el simple hecho de pisar Staples Center le parece imposible, que poder ver a nuestro genio fuera de la TV fuese utopía. Y para muchos, así fue. Quiero hablar desde la perspectiva de esos fans jóvenes, quienes no vivimos la era Kobe-Shaq, pero que si nos emocionamos por ESPN con Kobe-Pau, nos emocionamos con lo que pudo ser Kobe-Dwight, y lloramos a las tres de la mañana en plena semana con esa noche MÁGICA del retiro.

Hablo en pos de esos, pequeños ilusos, soñadores, fanáticos, que mirábamos hacia arriba y veíamos a KOBE BRYANT como la primera influencia en el mundo de la pelota. Y lo sentíamos como algo alcanzable, no tomábamos dimensión de donde estábamos parados. Esos pequeños que crecen y se vuelven terrenales, se dan cuenta las galaxias que nos diferencian, por esa razón comenzamos a tomar referentes del basquetbol local. Pero hay algo que tenemos en común, Kobe nos inspiró, nos dio el primer empujón, nos hizo brillar los ojos con alguna jugada. Cuando cobramos mayor consciencia sobre su figura, nos hipnotizó con su mentalidad, su motivación. Queríamos seguir siendo como Kobe, más allá de las evidentes diferencias, algo querías agregar de él a tu juego. Lo que sea te conformaba, su mecánica de tiro, el ritual de tiros libres, algún movimiento de pies, amagues, cambios de mano. No nos dábamos cuenta, pero él seguía allí presente.

Cuando pienso en el fanático latino, como yo, como el que lee esto, pienso en ESPN, pienso en Tarjeta Roja, pienso en los links, streams en portugués, en la madrugada, en ir a estudiar casi sin horas de sueño porque Kobe Bryant y sus Ángeles Lakers jugaban 0:30 o 1:30. Y nadie quería perderse un segundo. Se me ocurren miles de excusas a mi madre para quedarme hasta tarde a verlo, favores que quedé debiéndole por dejarme verlo. Pero ahí iba a estar, con mi armadura oro y purpura y el 24 iluminando el pecho, llenandome el alma.

Este pasado fin de semana, tocó sufrir. Tocó volver a ser terrenales, tocó darnos cuenta que nadie es Dios, nadie es inmortal, la muerte nos trata a todos por igual. Perdimos nuestro ídolo, nuestra motivación, nuestro primer impulso. Alguien que no conocimos y estaba tan lejos, pero durante nuestra vida se sintió tan propio y tan cerca. La etapa de negación va a ser muy larga, va a costar acostumbrarse. Pero ese hombre nos dio todo, y no puedo estar más que agradecido por permitirme amarlo, sentirlo, disfrutarlo. Siento que no hablo por mí, estoy seguro que hay muchísimos fanáticos como yo, que en algún momento se sintieron menos por no poder pagarse un viaje y una entrada para verlo, que se cuestionaron su lealtad hacia él o hacia el equipo. Kobe, nosotros también te amamos, y lo vamos a hacer siempre. Estoy agradecido por todo lo que nos dejaste. Me va a ser muy costoso aceptar que te fuiste, pero tu motivación nos va a ayudar. Escribir sobre nuestro héroe en pasado nunca sentará bien, pero esta es la vida. Te vamos a honrar siempre, vamos a llorarte siempre, y no voy a dejar que nadie me diga que no puedo llorarte, que no puede partirme el alma que te vayas porque no hay que dejar que te digan cómo sentirte, a quien llorar y quien no, pero vamos luchar como siempre lo hiciste. Tanto en el deporte como en nuestras vidas.

Muchas gracias por haber sido tú, por ser Kobe Bryant. Te vamos a extrañar.

De un fanático que te amó con locura.

Deja un comentario

Diseña un sitio como este con WordPress.com
Comenzar